miércoles, 11 de noviembre de 2009

Théâtre Aquarium : Mirando la vida real en una pecera

Mi intérprete, Scheherazade Matallah, y yo trepamos los escalones hacia el apartamento de Naima Zitan, un cuarto que también sirve de oficina para el Théâtre Aquarium. Tres miembros séniors de la organización se inclinan sobre la mesa y describen apasionadamente su historia y sus sueños en una cacofonía de francés y árabe. Pasan de una lengua a otra en el medio de una oración y todos se ríen mientras Scheherazade, inmutable, me traduce ese revoltijo al inglés.
En 1994, Naima Zitan, una graduada del Instituto de Arte Dramático, fundó el Théâtre Aquarium y produjo su primera obra, Disputas, para una audiencia elite de marroquíes. Eligió el nombre Théâtre Aquarium para sugerir que el público podía ver la vida real en una pecera. "No tenía la intención de crear una organización activista", admite, pero ella y sus socios, Naima Oulmakki y su hermano Abdullatif Oulmakki, empezaron a sentir que "ocho a diez presentaciones en Rabat no eran suficientes. Todos estábamos trabajando en asociaciones de mujeres y decidimos crear producciones sobre la situación de las mujeres marroquíes que pudieran ser presentadas en grandes ciudades y pequeños pueblos".

"¿Abdullatif trabajaba en asociaciones de mujeres?", me maravillé."¡Sí! ¡Soy ciento por ciento feminista!", dice."¡Si no lo fuera, no estaría trabajando con nosotras!", se ríe su hermana.

Naima Zitan continúa. "En 2000, colaboramos con una organización no gubernamental, Jossour, para defender el Plan de Acción Nacional. Nuestra obra se llamó Historias de mujeres. Nos presentamos frente a miles de asociaciones. La oposición se manifestó contra nosotros. Durante este tiempo, aprendimos que el 60 por ciento de las mujeres marroquíes son analfabetas. Estábamos impactados y decidimos llevarles nuestras presentaciones a ellas. Entre 2000 y 2002, presentamos Historias de mujeres 50 veces, en áreas rurales, en zocos, mercados y mezquitas. La reforma de la Moudawana es, en parte, resultado de nuestro activismo", reconoce sin arrogancia.

"La enmienda del Código de Familia fue extraordinaria", observa Zitan. Pero pocas personas analfabetas sabían sobre la nueva Moudawana y aun menos la entendían. "En 2004, creamos una nueva obra, Coquelicot, para explicar la nueva ley".

Abdullatif salta de su silla y me lleva hacia la computadora, en la que hizo un mapa de la confusión de datos sobre el analfabetismo nacional. "Tuvimos que trabajar mucho para reunir esta información", admite, "porque el gobierno quería que esta estadística fuera confidencial. En estas áreas", dice señalando los distritos rojos en la pantalla, "más del 85 por ciento de la población es analfabeta. Ahí es a donde llevamos nuestras presentaciones: a prisiones, hospitales, fábricas, orfanatos y, por supuesto, teatros".

"Nuestra misión es explicarles a las mujeres cuáles son sus derechos ahora. No es fácil para la gente cambiar después de tantos años, pero, si no entienden, no pueden reclamar sus derechos y la nueva ley es inútil", dice la visionaria Naima Z., que es la presidenta y directora artística.

"Antes de cada actuación, le preguntamos al público qué saben sobre el nuevo Código de Familia. Por lo general, nos dan información equivocada y definiciones erróneas. Después de la obra, les preguntamos qué aprendieron y qué está más claro. Para nosotros, es una técnica para evaluar la efectividad de la presentación. Esto es parte de mi trabajo porque soy la que más habla", se ríe Naima O., cuyo título es directora de relaciones públicas.

Una tarde, las dos Naimas, Abdullatif, Mbarka El Ouazzani, de Jossour, Scheherazade y yo nos subimos a un auto compacto y nos dirigimos al suburbio de Temara. Naima Z. estuvo trabajando en su puesto en el Ministerio de Cultura y, necesitando un sueño reparador, se queda dormida en el camino.

Naima O. me dice: "Naima y yo nos conocimos cuando yo trabajaba en Jossour y decidimos intentar con el teatro social. Tiene 38 años, es berebere del norte y artista. Yo tengo 42, soy árabe del sur y arqueóloga. Ambas tenemos trabajos estables y trabajamos para el Théâtre Aquarium por amor". Las dos parecen ser opuestas: introvertida y extrovertida; Zitan es una chimenea que fuma tres paquetes por día, Oulmakki no fuma; Zitan bebe agua durante el almuerzo, Oulmakki apura un vaso de cerveza. "Pero nos preocupan las mismas preguntas existenciales profundas: ¿por qué, cuándo, dónde? En ese sentido, somos exactamente iguales".

Texto e imagen extraídos de Women Who Light the Dark, de Paola Gianturco (powerHouse Books, 2007). Théâtre Aquarium, Rabat, Marruecos, tiene una subvención del Fondo Global para Mujeres, que recibirá el 100 por ciento de las regalías del libro.
Por Paola Gianturco
Fuente: Internationak Museum of Women

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