lunes, 17 de enero de 2011

Memorias de una infancia eterna

Marielenawalsh. No, no es un error de tipeo. Es como el oído de quien escribe estaba acostumbrada a escuchar su nombre. Así sonaba pronunciada por madre, padre, abuelos, tías, hermanos. Difícil saber si así suena para las generaciones siguientes que también la continúan escuchando.


El referente más cercano de esta cronista aún no cumple dos años por lo que no es posible todavía la pregunta, pero vale decir que ya balbucea la balada del grillo.


Siendo niñas de las que pudieron jugar a la pelota, de las que se animaron a arrojar cosas viejas a la terraza del vecino (perdón anónimo vecino, perdón), de las que tenían muñecas morochas y de formas más anchas que angostas, crecimos con marielenawalsh en el oído, con los Cuentopos de Gulubú, Dailan Kifki y La reina Batata en el corazón. Canciones para niñ@s, letras profundas y sin prejuicio sexista que se transmitían de padres a hijos en discos, cassettes y ahora CDs. Padres (los nuestros) que de niños recibían los discos de sus padres, nuestros abuelos, que la habían conocido en aquel temprano dúo con Leda Valladares.


Durante la pubertad nos acompañaba con Canciones para mirar, Zoo Loco y Novios de Antaño. Marielenawalsh no dejaba de sonar, de estar presente en cada casa, en cada cuarto.


Adolescentes y hormonales cantamos Como la Cigarra y Serenata para la tierra de uno a la par de Mercedes Sosa y de León Gieco. Hace casi un año Cosquín la homenajeó, a través de cuatro bellas voces de la escena folklórica: Verónica Condomí, Paola Bernal, Laura Albarracín y La Bruja Salguero. Homenaje en vida, merecido, agradecido, poco acostumbrado.


El Universo creado por marielenawalsh, que al menos tres generaciones vivieron es inmortal. Mientras la noticia se cuela, urgente, por monitores y parlantes, más increíble se torna. Una mujer que ya no era una mujer porque hace mucho tiempo había logrado trascender y convertirse en mil nombres, desde Manuelita hasta Juan Poquito, desde La familia Polillal hasta ese grupo de gatos que descontrolados se tomaban un tranvía a Tucumán, desde aquella especie de Cambalache infantil titulado El reino del revés.


Desde este espacio despedimos a una mujer fuerte y sensible que con tantas palabras justas nos acunó aún siendo adultos. Mujer que no cumplió con los mandatos sociales esperables para una jovencita de su clase, cuya primera rebeldía fue convertir a la escritura en profesión y excederse en el horario de permitido de regreso a casa cuando aún no comenzaba la década del 50.


Con las palabras de otra mujer la despedimos. Escribió Teresa Parodi, para el Festival de Cosquín de 2010, una bella introducción a una de sus canciones y con sus últimas oraciones te saludamos desde aquí Marielenawalsh:


Te espero para contarte

La patria de la ternura

Donde no mueren los sueños

Y no hay tristeza ninguna.



Por Larisa Rivarola
Fuente: Artemisa Noticias

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