sábado, 29 de diciembre de 2007

DOLOR DOMÉSTICO EN LOS COMICS

El cómic como espacio expresivo, tanto en su dimensión narrativa como visual, ha reflejado en diferentes ocasiones las problemáticas sociales, ideológicas y culturales del universo que lo rodea. Estamos acostumbrados a asociar el cómic al mundo de los superhéroes del imaginario adolescente que se han ido convirtiendo en superproducciones de las grandes industrias cinematográficas. Sin embargo, el cómic ha tenido y tiene complejas vertientes que van más allá de los superpoderes. El Comix Underground estadounidense de los años sesenta sería un interesante ejemplo. Dicho género está asociado a la compleja figura de Robert Crumb, padre de un movimiento contracultural que basaba su discurso gráfico en la provocación. Sus obsesiones y complejos de inseguridad le hicieron utilizar lo femenino como objeto de deseo sobre el que construir sus sátiras más violentas. Jugaba con estereotipos clásicos de lo femenino y los agredía brutalmente, como es el caso del pintor que arremete contra su modelo, o la parodia de sí mismo en una entrevista televisiva estrangulando a la exuberante presentadora que le acusa de usar el sadismo en sus comics desde una óptica sexual. Crumb utilizaba sátiras de fuerte contenido sexual aderezadas con violencia hacia la mujer, anhelando impactar al orden establecido, sin preocuparse demasiado por las implicaciones misóginas que conllevaba su trabajo. Sin embargo, también hubo mujeres dentro del movimiento del Comix Underground, o herederas del mismo, que expresaron otras realidades. Sus obras se enfrentan a una sociedad que no quería entender sus voces feministas ni la reivindicación gráfica de lo femenino. A la vez, son mujeres jóvenes que desarrollan el género autobiográfico desde una perspectiva intimista que narra sus grandes traumas.

Por Ana Merino

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