miércoles, 13 de octubre de 2010

Lengua crítica materna

1. Tu libro registra algunas experiencias de tu maternidad. ¿Por qué decidiste escribirlo?

—Cuando nació mi primer hijo sentí que mi vida cambiaba por completo, en todo sentido. Ya no había vuelta atrás. Las rutinas, las prioridades, los deseos previos, ya no volverían a ser jamás. Me sentí tan conmocionada que empecé a escribir un diario con todo lo que me pasaba. Casi todas las noches, antes de dormir, registraba alguna vivencia del día: desde la angustia del día que prefirió a la niñera en vez de elegirme a mí, hasta cuando hizo el primer dibujo entendible. Era una forma de exorcizarlo. Escribí durante unos cinco años, con más o menos frecuencia y un día decidí que eso podría transformarse en otro tipo de relato, que saliera de mi intimidad. Se lo llevé a María Moreno y con ella, durante unos nueve meses, transité el proceso de transformarlo en un libro.

2. ¿Qué te resultó más difícil después de convertirte en madre?

—Lo más difícil fue darme cuenta de que ya no era más dueña de mi tiempo. Ya no podría volver a cualquier hora o perderlo tan gratuitamente. Había alguien que me esperaba: el bebé, la niñera, mi pareja, mi mamá o quien estuviera cuidándolo. Entender que desde su nacimiento, mi vida pasaba a estar reglada por las necesidades de otro.

3. ¿A qué supuestos "mandatos culturales de toda buena madre" no te rendiste?

—El principal supuesto al que no me rendí es a convertirme sólo en una madre. En una madre las 24 hs. O sea, a dejar mi trabajo, mis horas de tai chi, o tener salidas sola con amigas. También resistí el mandato de dar teta. Les di teta a mis dos hijos, pero el primero la dejó a los seis meses y no insistí en que la retomara y al segundo se la saqué a los nueve.

4. ¿Cuáles son las palabras que más relacionás con tu modo de ser madre?

—¡Qué difícil! Controladora, hincha, sensible, cantora, única, viajera, inspiradora, austera.

5. ¿Cuáles fueron los momentos de mayor angustia y desesperación?

—El primer momento de angustia fue cuando me dijeron en la clínica que a mi hijo se le había quebrado una clavícula en el parto. Imaginar ese ser tan frágil, aún desconocido y que no podía hacerse entender, sufriendo en silencio... Otro momento difícil fueron las adaptaciones escolares. Que tu hijo llore acongojado y no te suelte pidiéndote a gritos que no quiere ir al jardín... cómo se soporta eso.

6. ¿Cómo los transitaste?

—Como pude. Llorando, escribiendo, peleándome con mi pareja. En cuanto al capítulo "enfermedades", esas angustias que me provocaba no sólo que mi hijo estuviera enfermo sino las intervenciones de la medicina tradicional, me llevaron a la homeopatía, que tiene una concepción más integral y menos agresiva de cómo afrontarlas. Las adaptaciones escolares todavía las padezco. El más chiquito sigue llorando para entrar al jardín. Cuesta, cuesta.

7. ¿Qué cosas que puedan hacer tus hijos "te sacan de eje"?

—Uff. Muchas más de las que quisiera. Pero básicamente que no hagan lo que les digo. Los chicos siempre se resisten y me cuesta mucho soportar sus gritos, chillidos y escenas porque les estoy diciendo que no a algo.

Tal vez lo que más me saca es que me contesten como si fueran más grandes de lo que son. Mi mamá me recuerda en esos casos que yo también era contestadora.

8. ¿Un diálogo con ellos que guardes en la memoria como un tesoro?

—En el libro hay varios diálogos con el más grande. Ahora que el chiquito tiene tres años, la edad donde se dan esas conversaciones surrealistas y maravillosas, empiezo a registrar los suyos. El otro día lo abracé, le di un beso y le dije:

—Ay mi bebé...

—Yo no soy más bebé —me dijo, enojado.

—Bueno, pero siempre vas a ser mi bebé.

—No, yo soy grande. Vos sos chiquita, vos sos una chiquita, vos sos una chiquita —empezó a burlarme. Y un segundo después:

—Mamá quiero hacer pis, acompañame.

—¿Pero vos no sos grande?

—Sí, pero agarrame el pito.

9. ¿Una imagen con ellos?

—En bicicleta. Yo llevo al chiquito atrás y el más grande va en la suya al lado o adelante mío. Recorremos las calles del barrio hasta llegar al parque Chacabuco, yo con la tensión y los nervios que me provocan darle libertad y seguridad para poder andar en la calle en bici y la satisfacción de permitírselo y de sentir la vocecita del chiquito en mi espalda.

10. ¿Qué aborrecías de tu madre?

—¡Que preguntara todo! Lo hacía de una manera muy puntillosa, y lo sigue haciendo (¡y ahora yo no puedo evitar repetirlo con mis hijos!).

* Periodista, licenciada en Comunicación y fundadora de la Asociación Civil Artemisa Comunicación y del portal Artemisa Noticias. Dicta cursos y asesora en periodismo y comunicación con perspectiva de género. Su último libro es Y un día me convertí en esa madre que aborrecía, editado por Capital Intelectual, que mezcla lo testimonial y la ficción.


Por Laura Rosso
Fuente: Página/12

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